EL DÍA DE LA MADRE EN EL MES DE MARÍA
Ese beso de cariño y gratitud a nuestras madres, el segundo domingo de mayo, expresa el reconocimiento de que el amor de ellas por sus hijos es el amor más parecido al de Dios, porque lo da todo sin esperar nada. Es el amor más puro y desinteresado.
Y celebramos a las mamás dentro del mes de Mayo, mes de la Santísima Virgen. A ella las gentes sencillas se dirigen con la expresión: «Mamita María», y lo hacen con un fervor y un cariño conmovedores. Estas buenas personas, desde su pobreza material, que, en muchos casos, esconde una gran riqueza espiritual, nos dan una importante lección: vivir la experiencia de la fe, contando con el afecto maternal de la Madre del Señor.
En este mes de Mayo, renovemos nuestra devoción mariana, pero poniendo énfasis en el aspecto afectivo porque, como dice Leonardo Boff, «María nos muestra el rostro maternal de Dios».
Numerosos pueblos y caseríos de nuestra sierra y selva, a lo largo de decenas de años, no han contado con la atención espiritual del sacerdote. Sin embargo, la fe cristiana se ha mantenido gracias a la devoción mariana de sus gentes. Nos enseñó Santa Teresa que «la oración es cosa del corazón». Tal vez falta darle a nuestra vida interior un contenido más afectivo, más «del corazón»... y es precisamente este lugar el que viene a llenar la madre: nuestra Mamita María.
Que Dios bendiga a nuestras mamás y que nuestra mamá del cielo nos guíe por los caminos de la fe y de nuestra entrega apostólica. Lo necesitamos. Es el deseo de
P. Juan Cruz Ustarroz, I, cp.
Párroco
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